
La sentencia del último informe de la UE acerca de la economía española es desalentadora: seremos la última de las grandes potencias europeas en abandonar la recesión. Cuando la fecha estimada para recuperar crecimientos del PIB en otros países es el último trimestre de 2009, España llegara a fin de año en negativo. Además las previsiones del PIB para este 2009 se han revisado a la baja en el caso español, pasando del -3,2 % al -3,7 %, mientras la que la media comunitaria continua en el -4 %.
Las razones de este estancamiento en nuestra recuperación económica tienen un componente estructural, sin descartar el poco acierto que hasta ahora está teniendo el ejecutivo en su toma de decisiones.
Es bien sabido que la economía española ha sido construida sobre cimientos poco sólidos, y su crecimiento durante los últimos 20 años ha sido tan irregular como insostenible. El poco peso del sector industrial ha sido clave. Su lugar lo ha ocupado la construcción, pero sin un plan de contención a largo plazo. El ladrillo, junto con el turismo, ha sido la gallina de los huevos de oro durante décadas. Ambos sectores se han exprimido y ahora estamos pagando las consecuencias en forma de exceso de oferta de viviendas (casi un millón de casas vacías) y sobre explotación de las playas españolas. El endeudamiento, antes de los hogares y hoy del Estado, es otro de los graves problemas de nuestro país. Siempre se ha dicho que en este país vivimos por encima de nuestras posibilidades y nos endeudamos con facilidad. Esto es tan cierto como que nos apasiona la siesta, la paella y el tinto de verano. Pero el Estado, hasta ahora mucho más comedido en este aspecto, se ha subido al carro aplicando continuas políticas de gasto público para reactivar la economía, además de las políticas sociales que tanto le gustan a nuestro ZP. Como resultado, hoy somos uno de los países más endeudados del mundo, tanto a nivel público como privado.
Y por último, no podemos olvidarnos del elevado nivel de paro como otra de nuestras marcas de identidad. En España, debido a nuestro precario sistema laboral, se destruye más empleo y más rápido, a la mínima señal de contracción económica. Además, dos de las patas del empleo en este país son la construcción y el sector servicios, los dos sectores más castigados por la crisis. En estos momentos rozamos el 20 %, lo que significa que se han destruido todo el empleo creado en los últimos 5 años. Con el aumento en las colas del INEM se están vaciando las arcas públicas (entra menos y sale mucho más en forma de prestaciones) lo que, como hemos dicho unas líneas más arriba, aumenta el déficit público y provoca una fuerte caída del consumo.
Sin embargo, también hay motivos de optimismo en este oscuro panorama. Según palabras del consejero de asuntos económicos de la UE y ex secretario general socialista, Joaquín Almunia “La crisis será más prolongada pero menos profunda que en otros países de la Unión”.

Además se empiezan a atisbar ciertos signos de recuperación, como la normalización del sector del ladrillo (en Julio, la caída en el número de operaciones de compraventa fue del 20 %, cuando llevamos todo el año entre el 30-40 %), la mejora en el nivel de confianza del consumidor, el abaratamiento del crédito y el aumento de la afiliación en Julio y Agosto, meses propicios para el empleo.
Aún así, Septiembre no será tan benévolo para el empleo, y mientras no se reestructure la economía española, dando un mayor peso al sector industrial y energético (apostando por las renovables), y estabilizando la construcción, no encontraremos importantes signos de mejora. No es tan importante conseguir una rápida recuperación, sino hacerlo de modo estable y sostenible. De este modo, el siguiente ciclo de recesión, será más corto y menos pronunciado.
